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viernes, 25 de marzo de 2011

Excusar o justificar el poco o nulo amor recibido

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Es duro aceptar que no nos quieren con todas las ganas. Y no me refiero solamente al placer que produce el sentirse amado, sino a la autoestima implicada. Cuando la persona que amamos nos quiere a medias, con limitaciones y dudas, la sensación que queda es más de agradecimiento que de alegría, como si estuvieran haciéndonos un favor.
Una buena relación no permite reparos afectivos. Cuando el sentimiento vale la pena, es tangible, incuestionable y casi axiomático. No pasa desapercibido, no requiere de terapias especializadas ni de reflexiones profundas. Se destaca y se nota. Como decía Teilhard de Chardin: “¿En qué momento llegan los amantes a poseerse a sí mismos plenamente, si no es cuando están perdidos el uno en el otro?”.
Si hay dudas, el afecto está enfermo. Sanarlo implica correr el riesgo de que se acabe; dejarlo como está es hacer que el virus se propague. La persona apegada siempre prefiere la segunda opción.
1: “Me quiere pero no se dá cuenta”
Este pensamiento está sustentado en una idea totalmente irracional. Cuando una persona está enamorada lo sabe, lo siente, lo vive en cada pulsación, porque el organismo se encarga de avisarle. No pasa desapercibido. El amor llega como un huracán que rompe todo a su paso. Los síntomas son evidentes, tanto a nivel fisiológico como psicológico. Si alguien no se diera cuenta de que el amor lo está atravesando de lado a lado, deberíamos pensar en algún daño neurológico incapacitante, quizás una esquizofrenia catatónica, un autismo avanzado o algún tipo de mongolismo enmascarado. El amor nunca es ignorante. Si alguien no sabe que te quiere: no te quiere.
2: “Los problemas psicológicos que tiene, le impiden amarme”
La mayoría de las personas dependientes que no se sienten amadas tienden a justificar el desamor de su pareja mediante causas psicológicas o traumas infantiles. Las razones más comunes abarcan timidez, introversión, miedo a entregarse, problemas de personalidad, mala crianza, o el famoso Edipo no resuelto. Un número considerable de mujeres y hombres rechazados afectivamente inician una romería de especialista en especialista, para hallar algún tipo de alteración (ojalá curable) que explique la indiferencia de su pareja.
Es cierto que algunos desórdenes psicológicos pueden producir un descenso transitorio en la capacidad de amar, como es el caso de la depresión. También es verdad que existen trastornos de la personalidad que bloquean todo contacto afectivo (por ejemplo, los esquizoides). Incluso hay alteraciones de origen hormonal/metabólico que merman el placer del intercambio afectivo. Sin embargo, la mayoría de las veces no se llega al desamor por una afección orgánica o psicológica, sino por puro desgaste. Un buen día, el amor, supuestamente inalterable y ultrarresistente, se derrumba sobre sí mismo; sencillamente se acaba o nunca existió. Aunque nos resistamos a creerlo, si el afecto se descuida puede extinguirse para siempre.
Como es obvio, es menos doloroso creer que el alejamiento de la persona amada se debe a una anomalía y no al desafecto. Decir, “Está enfermo”, no duele tanto como decir, “Se cansó de mí”. Al menos en el primer caso queda la posibilidad de alguna droga milagrosa (quizás un Viagra afectivo), y en el segundo, si somos dignos, sólo queda hacer mutis por el foro.
Si los problemas psicológicos que tiene tu pareja le impiden brindarte el cariño que necesitas, ayúdala. Si pese a saber tu sufrimiento no pide ayuda, cuestiona su amor o su cordura. Y si no hay alteraciones evidentes a la vista, acércate con discreción: es posible que la causa del desamor no sea más que desamor.
3: “Esa es su manera de amar”
Nadie niega que hay estilos personales en la manera de amar, pero algunos son francamente sospechosos. Por ejemplo, si la “manera de amar” de mi pareja incluyera antipatía, indiferencia, egoísmo, agresión e infidelidad, no me interesaría acoplarme a su modo afectivo. Más aún, si fuera capaz cuestionaría seriamente la relación.
4: “Me quiere, pero tiene impedimentos externos”
De acuerdo con la ciencia moderna, los hombres somos especialmente sensibles al estrés. A esta causa se le han achacado todo tipo de incompatibilidades con el normal desarrollo del amor, desde la impotencia (lo cual es cierto) hasta el desamor (lo cual no es cierto). Trabajo excesivo, sobregiros, agresión o cansancio crónico, cualquier excusa es buena para explicar (en el fondo, para justificar) la lejanía afectiva. De acuerdo con lo que sabemos en psicología, los problemas externos pueden producir irritabilidad, cansancio y algo de mal humor, pero no necesariamente desamor. Uno no deja de querer a la pareja porque está cansado, más bien la busca para acurrucarse. Cuando un individuo está preocupado e intranquilo, el compañero o compañera puede ser el soporte, el oasis donde reposar. Pero si el afecto es débil, la pareja puede convertirse en un condena más.
Las vicisitudes de la vida diaria pueden alterar y destemplar un poco el amor, pero no lo anulan. Eso es puro cuento. Si solamente te aman cuando no hay problemas, tu amor ya entró a cuidados intensivos. Se recomienda atención inmediata.
5: “Se va a separar”
En la vida hay cosas que no se piden, porque deben darse de motu propio. Si tienes que presionar, acosar y amenazar a la persona que amas para que se separe, vas por mal camino. Si tienes que presionar, acosar y amenazar a la persona que amas para que se separe, vas por mal camino. Muchas veces decir, “No puedo separarme”, significa en realidad. “No tengo el coraje de hacerlo”. El principio es concluyente: si verdaderamente te amaran hasta las últimas consecuencias, estarían contigo.
6: “Minimizar los defectos de la pareja o la relación”
Las personas apegadas tienden a reducir los defectos de su pareja al mínimo, para hacer más llevadera la relación y disminuir los riesgos de ruptura. Cuando la minimización se exagera, se convierte en negación: “Todo está bien”, “No hay problemas” ó “Todo es soportable”. El apego tiene la peligrosa propiedad de amplificar las virtudes y achicar las deficiencias según convenga. Todo el sistema de procesamiento de información se coloca al servicio del autoengaño. La estrategia es incrementar la indulgencia para que las cosas no se vean ni duelan tanto. La estrategia del avestruz.
7: “Nadie es perfecto” ó “Hay parejas peores”
La comparación cínica confirmatoria consiste en dar a la excepción el estatus de regla. Estas personas no ven el árbol por ver el bosque.
El típico argumento, “Los hay peores”, automáticamente quita importancia a cualquier defecto. Lo rebaja, lo aplasta o lo hace desaparecer, porque siempre es posible encontrar a alguien en peor estado. Como si la estadística, por pura comparación, tuviera la extraña virtud de embellecer lo feo y sanar lo malo.
El apego nos hace ver lo anormal como normal, invierte los valores y revuelca los principios.
8: “No es tan grave”
El mecanismo utilizado en estos casos es el de mermar las deficiencias, minimizando las consecuencias. O sea: “Nada es tan grave” ó “Mi tolerancia no tiene límites”. Un adicto afectivo disfrazado de buen samaritano, buscando retener a su pareja a como dé lugar.
Decir que nada es importante significa eliminar de cuajo las aspiraciones, los deseos y los principios personales. La flexibilidad es buena, siempre y cuando no se quiebre la propia individualidad. El aguante por el aguante siempre huele a rancio y termina por subir los umbrales de la tolerancia a límites indecentes. La docilidad es la estrategia ideal para los que no quieren o no pueden independizarse. Nos guste o no, hay cosas que sí son graves, insoportables y radicalmente no negociables. El color de rosa indiscriminado y sensiblero es un invento de los que no quieren ver.
9: “No recuerdo que haya habido nada malo”
Algunas personas dependientes manifiestan una clara distorsión a la hora de recuperar información: se olvidan de los problemas y recuerdan solamente las buenas cosas de la relación.
Si estás en el plan de terminar una mala relación, no puedes olvidar las experiencias negativas. Por el contrario, las debes incorporar con beneficio de inventario. No se trata de magnificarlas y volverse obsesivo (el odio no es lo opuesto del amor), sino de darles el puesto que se merecen. Si su pareja te ha maltratado, ha sido infiel o te ha explotado en algún sentido, estos hechos cuentan (¡y de qué manera!), a la hora de tomar decisiones. Negar o evitar esa realidad te conduciría indefectiblemente a repetir los mismos errores en otras relaciones.
Esculcar en el pasado afectivo de una relación perniciosa, sin ensañarse con el otro y dejando a un lado el resentimiento, puede resultar benéfico y saludable para los que ya están cansados de sufrir. No se trata de maquinar venganza o tomar desquite, sino de ver hasta qué punto se justifica invertirle energía positiva a un amor en decadencia.
10: “Todavía me llama”,“Todavía me mira”,“Todavía pregunta por mí”
La necesidad de mantener el amor a toda costa, puede llevar a interpretar ciertos hechos aislados como indicadores de que todavía hay amor. Una llamada telefónica de la persona que “supuestamente” nos ama, puede estar motivada por muchas cosas distintas al amor: una simple nostalgia pasajera, confirmar un chisme, sentimientos de pesar o de culpa.
Una mirada puede significar que todavía le gustas a tu “ex”, pero eso nada tiene que ver con el afecto. Puede tratarse de “atracción recordatoria”, reminiscencias hormonales o incluso estéticas. Una mirada puede estar originada en la intriga de ver “cómo se vistió o con quién anda. Si la mirada está impregnada de picardía y seducción, es posible que haya algo más, pero no significa necesariamente proximidad afectiva.
El amor no es un mapa de indirectas y claves que hay que descifrar las veinticuatro horas para saber cuándo, dónde y cómo nos van a amar. En una buena relación no hay mucho que traducir porque se habla el mismo idioma, y aunque existen dialectos, son variaciones de una misma lengua. La mejor manera de ser un buen decodificador afectivo es conectar la antena a tierra.
11: “Todavía hacemos el amor”
Como vimos en el apartado del apego al sexo, la sexualidad puede moverse exclusivamente en el terreno de lo fisiológico y crear adicción. Se puede hacer sexo sin hacer el amor, o se puede tener sexo sin tener amor. Cualquier persona puede apegarse sexualmente a otra, aunque no haya afecto. En un número considerable de parejas separadas, el deseo sexual sigue presente, no obstante que el afecto haya desaparecido. En otros casos, a pesar de haber tenido una relación sexualmente fría, la libido se alborota inesperadamente después del distanciamiento. De la noche a la mañana, la “ex” o el “ex” comienzan a transformarse misteriosamente en los seres más sensuales y eróticos del universo. Una atracción tardía y desconocida hasta entonces hace su aparición, sacude el sistema límbico y los impulsa a un éxtasis de consecuencias impredecibles.
La verdadera problemática surge cuando el sexo se convierte, ilusamente, en la prueba reina de que el amor está vivo. Seguir haciendo el amor con la persona que queremos, pero que no nos corresponde, es un disparate. Cada encuentro clandestino es la confirmación de un “sí” con sabor a “no” , y una afrenta para la autoestima. La esperanza en carne viva. No olvidemos que ser deseable no implica ser querible. En suma: deseo no es amor.
12: “Todavía no tiene otra persona”, Todavía está disponible”
El pensamiento que alimenta la esperanza del reencuentro es el siguiente: “Si la persona que quiero aún sigue sola, tengo oportunidad”. O, en una versión más entusiasta y atrevida: “Soy irremplazable” o “No ha podido olvidarme”.
Si embargo, los hechos también pueden significar otra posibilidad menos optimista y más dolorosa: “La persona que amo prefiere estar sola a estar conmigo”. Mortal para cualquier ego.
Si la persona que dices que te quiere prefiere estar sola a estar contigo, pon en duda su amor. Por definición, ningún enamorado, pudiendo elegir, prefiere la soledad afectiva a estar con la persona amada. En estos casos, es mejor irse con el amor a otra parte.
13: “Se va a dar cuenta de lo que valgo”
Es posible que en ciertos casos esta afirmación tenga asidero en la realidad, y algún día la persona que hoy nos rechaza caiga en cuenta, se arrepienta sinceramente y haga un reconocimiento público del viejo amor perdido. Pero el problema es de tiempo, es decir, ¿cuándo?
¿Cuánto hay que esperar? ¿Semanas, meses, años? ¿Se justifica la demora? ¿No es mejor oxigenar la vida con alguien que no necesite retiros espirituales y ausencias lejanas para reconocer que somos queribles? A pesar de que el sentido común sostiene que las cosas hay que perderlas para valorarlas, desde mi punto de vista y refiriéndome exclusivamente a una cuestión de respetabilidad personal, el solo hecho de que tengan que “perderme” para “valorarme” es ofensivo, además de fastidioso.
Si eres una de esas personas que están esperando la evaluación, a ver si pasaste el examen como pareja, recuerda que no eres un objeto de compra-venta. El evalúo afectivo siempre es insultante. Empero, si lo anterior no te ha convencido, quizá las estadísticas logren despabilarte: los que dudaron afectivamente una vez, vuelven a dudar. Puede haber más exámenes. Es mejor no vivir en ascuas. Si no te aman hoy, no te aman.
14: “Dios me va a ayudar”, “Me hice echar las cartas” o “Me hice la carta astral”
Cuando las tácticas de recuperación mágico-religiosas se activan la cosa está grave: la desesperación ha tocado fondo. Poner la solución afuera es cómodo, pero también arriesgado porque desvía nuestra atención de la realidad y nos vuelve cada vez más incompetentes.
15: “Intentaré nuevas estrategias de seducción”
En oposición al anterior esquema, este pensamiento implica poner el problema adentro, pero demasiado adentro: “La persona que amo no está conmigo porque no he sabido retenerla; si mejoro mis habilidades de conquista, la volveré a recuperar. Por desgracia, la restitución afectiva no es fácil de lograr.
Aunque parezca obvio, para que la reconquista afectiva pueda ocurrir debe haber alguien dispuesto a ser conquistado. El amor no es como la guerra o la toma por el poder (el amor perdido no se restablece mediante el acoso y la persecución obsesiva). En las lides afectivas, la conquista obligada recibe el nombre de violación. Si el otro está en un estado de desamor agudo, es mejor no hacer nada y dejar que la alteración siga su curso. Pero los apegados suelen entrar en pánico y comportarse irracionalmente.
La recuperación de la pareja perdida, si acaso fuera posible, no se logra con dos o tres cambios superficiales de comportamiento. Las relaciones afectivas obedecen a una historia particular, especial y no reproducible, que determina su esencia básica y un perfil interpersonal único. Desconocer esa evolución puede llevar a actitudes facilistas que en nada ayudan a fortalecer el vínculo.
Si quieres intentar un plan de reconquista, no lo hagas a la ligera. Primero debes tener muy claras las causas de la ruptura, el diagnóstico, la explicación de por qué no funcionó, a ver si tienes oportunidad de alcanzar el objetivo. No te hagas falsas expectativas: cuando una relación anda mal, el remedio suele ser complejo y difícil de aplicar. Los “pañitos de agua tibia” pueden calmar el malestar, pero no eliminan la infección.
16: “Mi amor y comprensión lo curarán”
Cuando no convertimos en redentores, consejeros o psicólogos de la persona amada, distorsionamos la esencia del amor. He conocido gente (sobretodo mujeres) cuyo objetivo afectivo es redimir al pecador o curar al enfermo. Por desgracia, y sin pecar de pesimista, la experiencia ha demostrado que el supuesto poder de curación del amor de pareja deja bastante que desear. Por el contrario, el amor mal dosificado (a veces llamado incondicional) puede producir ganancias secundarias y reforzar el comportamiento que, precisamente, se pretende cambiar. Por ejemplo, querer curar a una persona infiel crónica dándole amor a granel y siendo tolerante con sus engaños, es una inocentada con rasgos de complicidad. De manera similar, pretender que un alcohólico controle su adicción exclusivamente mediante afecto indiscriminado, es casi imposible. Los que están en Alcohólicos Anónimos saben mejor que nadie que el amorpor sí solo no es suficiente para modificar una conducta adictiva.
Algunas personas con vocación de mártires deciden “adoptar” a la pareja y echarse al hombro la reparación de todos sus males. Sin más armas que un amor brioso y desbordante de optimismo, emprenden la rehabilitación del ser amado: “Mi amor lo hará cambiar”, “Cuando se sienta amado, se dará cuenta de sus errores” o “El amortodo lo puede” (algo así como el Club de “Sanadores Afectivos”).
Aunque los románticos entren en crisis y el idealismo amoroso se vuelva añicos, el realismo afectivo es imprescindible para poder desapegarse. Nadie niega que el amorsea el principal motor de la relación de pareja; lo que estoy afirmando es que de ninguna manera es suficiente per se para que una relación prospere. El sentimiento afectivo en estado puro no alcanza a colmar las expectativas de una buena convivencia y tampoco basta para que la persona amada se cure o recapacite. El amor no es tan poderoso.
En los dilemas afectivos, las personas apegadas no quieren perder ningún beneficio. No importa qué tan enfermiza sea la relación, lo fundamental es conservar a la persona amada, así sea de a pedazos. El miedo a quedarse sin afecto los lleva a establecer metas incompletas, postergaciones amañadas y remedios insuficientes.
17: “Voy a dejarlo de a poquito”
A no ser que se trate de un paciente internado y bajo control médico directo, alejarse paulatinamente de la fuente de adicción no es la estrategia más recomendada. “Voy a consumir cada día menos crack”, puede resultar risible para los que saben del tema. La adicción no se rompe lentamente. Puede haber retrocesos, avances y recaídas, pero la lucha es a muerte. Para una persona con predisposición a la adicción, no hay medias tintas. Un sorbo, una fumada o el mínimo consumo puede ser definitivo para que la oscura puerta del vicio vuelva a abrirse. “Voy a dejar a la persona que amo porque no me conviene, pero poco a poco”, es como decir que me inyectaré menos. Es un típico autoengaño. En realidad, lo que queremos es prolongar la permanencia del estimulante afectivo.
18: “Solo seremos amigos”
Cuando una relación se rompe, es prácticamente imposible ser amigo o amiga de la persona que todavía se ama. Los que defienden lo contrario no sabe de qué están hablando.
Para sobrevivir a la pérdida, algunos adictos afectivos se inventan un engendro amoroso que no es ni una cosa ni la otra: el “amigovio”, una mezcla de amigo adelantado y novio venido a menos, con toqueteo incorporado. No tardarán en aparecer variaciones sobre el mismo tema. Es posible que comencemos a ver “esposovios” (esposos que parecen novios), “amantosas” (una mezcla de amante, esposa y ventosa” y otros experimentos afectivos que permitan mantener la ilusión de un encanto que ya no existe.
19: “Sólo seremos amantes”
Un amante enamorado es un amante desubicado. Los juegos de placer, los ratos descansados, la pasión fluida y alegre que deben caracterizar a los buenos amantes, se convierten con la adicción en una maraña afectiva, un nudo gordiano donde cada intento por deshacerlo lo hace más fuerte.
Convertirnos en amantes de la persona amada, con la excusa de no alejarnos del todo, es la peor de las decisiones. No solamente impedimos la elaboración del duelo, sino que perpetuamos el sufrimiento por tiempo indeterminado. Y si la relación era muy mala o poco conveniente, peor, porque desperdiciamos una buena oportunidad para terminar de una vez por todas con la tortura de estar mal emparejado.
A manera de conclusión
Como habrás podido ver, la mente apegada utiliza infinidad de subterfugios y engaños para intentar salvar el amor extraviado. No importa qué tan inconveniente o dañino sea, la adicción afectiva no mide consecuencias. Es ciega por naturaleza.
Si estás en una relación enfermiza y tienes miedo de salirte, o has perdido a la persona que amas y no eres capaz de aceptarlo, es probable que utilices alguno de los diecinueve pensamientos perturbadores señalados. Todos obedecen a la misma necesidad: retener la fuente de apego mediante el autoengaño.
El principio del realismo no pide demasiado, porque no hay mucho que aprender sino desaprender. Quedarte quieto y mirar la realidad afectiva en la cual estás inmerso, es lo único que debes intentar. Si logras observar las cosas como realmente son, dejando los sesgos y las mentiras a un lado, tus esquemas irracionales comenzarán a tambalear. Aunque te duela el alma y tu organismo entre en crisis de abstinencia, no hay otro camino. La liberación afectiva y la ruptura de los viejos patrones de adicción no toleran la anestesia, porque las grandes revoluciones siempre exigen atención despierta. Además, tal como decía Kalil Gibrán: “Si no se rompe, ¿cómo logrará abrirse tu corazón?”

miércoles, 23 de marzo de 2011

CONFÍA EN VOS ! UNA CUESTIÓN DE QUERER ...

Empezaste a salir con una chica, con una que te gusta (y mucho).
¡Que bien!
Querías que te diera bola… Y te la dió!
Ahora… A partir de que la tenés, comienza en vos (y es logico que así sea, aunque la lógica no siempre va de la mano de la coherencia) el miedo de perderla.
Digo que “es lógico” porque antes no la tenías… Así que no podías sentir el miedo de perder lo que no tenías.
Y digo que la lógica no implica siempre coherencia…. Porque muy bien puede carecer por completo de coherencia, de asidero, el miedo de perderla .
Pero vos lo sentís… Al margen de argumentos vos lo sentís.
No querés que nadie te la saque… La querés para vos.
Bien.
Este es el momento, para usar una imagen a la cual recurro con frecuencia, en el cual tenés que parar la pelota, levantar la cabeza, mirar alrededor, y posicionarte en el partido.
A ver, te pregunto: ¿como era el hombre que se levantó a esa mina que temés perder?
Y vos me contestás: -y bueno.. Alto, de pelo castaño, flaco….
No no no no
No te estoy preguntando tus características físicas…. Empecemos de nuevo, y con otra serie de preguntas, a ver si ahora me las contestás bien:
-¿Era un tipo con confianza en si mismo?
Me contestas: -”si, claro que tenía confianza en mi mismo”
-¿y ahora temés perderla?
Me contestas: -”y…. Si… Claro… No te voy a negar que temo perderla”
-¿Porqué? ¿ya no te tenés confianza en vos mismo? ¿te tuviste confianza para ir al frente -y te la ganaste- y ahora te falta confianza para simplemente conservar lo que tuviste el valor de conseguir?
Me contestas: ¡gulp!….
Muy bien: fijate algo: el tipo que se la ganó (vos mismo) eras vos mismo, pero con una dosis de autoestima, de seguridad, de confianza, de serenidad.
El tipo que teme perderla, perdió (antes que a ella) la seguridad, la serenidad, la confianza, la autoestima.
Y ella lo nota (ellas siempre notan todo: las mujeres son los seres mas perceptivos que hay).
Entonces, ella nota en vos algo que supone que no había visto antes.
Y no lo había visto antes… Porque vos no eras así: capaz tu forma de ser fue lo que la sedujo, mucho mas que tu color de pelo, tu altura, tu delgadez.
Con lo cual (si no estoy errado, y me temo que no lo estoy) vos mantuviste todas tus características físicas…. Pero ya no sos la persona de la cual ella se enamoró.
La celás, le desconfias, le andás atrás, la controlás….
Y ella se cansa de eso.
Y como se cansa, bien podés perderla por el mismo miedo de perderla.
Por eso mi consejo del título: “confiá en vos”.
Confiar en vos es una de las cosas que nadie puede hacer por vos.
Y si bien nadie nos asegura la fidelidad de una persona amada ante la aparición de una tercera persona (hecho éste que no podemos evitar ni controlar), hay algo que si podemos evitar y controlar…. Porque depende de nosotros:
Si la mujer que se enamoró de vos valoró tu Confianza  , tu seguridad… Vos podés evitar perder esos atributos.
No vas a evitar que aparezca otro tipo en la vida de tu mujer, de la misma forma que no podemos evitar en invierno el riesgo de una gripe.
No depende de nosotros la gripe… Depende de virus que andan revoloteando por ahí (casi como andan revoloteando los buitres que te pueden sacar a la mujer que amas).
¿y que defensa hay contra esos virus?
La defensa no es otra que la de tener un organismo sano, fuerte, confiable, resistente.
O sea, que defensa hay…. Al menos hay una que depende solo de vos.
Porque si bajás la guardia, si no te cuidas, si te debilitás…. Los virus (y los buitres) van a hacer de las suyas sin resistencia alguna.
La moraleja de esta lección de filosofía y doctrina, muy vinculada con algunos otros puntos que hemos tratado, es sencilla:
Tan sencilla que ni siquiera se trata de que cambiemos…. Sino de que “no cambiemos”.
Se trata de que seamos la misma persona que consiguió que ella se fije en nosotros (primero) y se enamore (después).
Se trata de que no cambiemos por temor a perderla…. Porque eso sería como bajar las defensas ante los virus (cuando mantenerlas altas, como siempre las tuvimos, es la mejor forma de resistirlos exitosamente).

lunes, 28 de febrero de 2011

Compartir éxitos y fracasos

Dale tu apoyo


Por una vez y sin que sirva de precedente, incluso la ciencia está de acuerdo con la Iglesia: un estudio de la Universidad de Northwestern llegó a la conclusión de que las parejas más fuertes son aquellas en las que cada uno de los miembros apoya al otro para que se convierta en lo que quiere ser y alcance sus metas profesionales y vitales. No es algo nuevo: expertos en inteligencia emocional como Daniel Goleman o Paul Ekman ya descubrieron la influencia que tiene la estabilidad afectiva en la productividad laboral: por muy brillantes que sean, las personas que no son capaces de construir una vida emocional estable y saludable, se hunden en luchas internas que sabotean su efectividad en la vida profesional. La psicóloga Carmen Bermejo dice que "es muy importante que tu pareja se sienta entendida y apoyada, que note que puede contar contigo cuando lo precise sin entrar en consideraciones ni juicios de valor, que vea que te alegras con sus logros y que compartes las dificultades que originan los fracasos o las decepciones en el camino; en una palabra, que naveguéis los dos en el mismo barco...".

Ser un tándem


Como dice el refrán, "detrás de cada gran hombre siempre hay una gran mujer". Y viceversa. El psicólogo Valentín Lacalle afirma que "antes ya era así, pero hoy en día, que trabajan hombres y mujeres, la pareja es más que nunca un equipo: si hay un fracaso se debe compartir, porque bastante dura es ya la vida profesional como para no mostrarte tal cual eres con tu pareja; y si hay éxito, asumir que es de los dos: aunque uno se lleve la gloria, el otro tiene siempre el mismo grado de importancia". Y más cuando, en la actualidad, el poder y el triunfo femenino es, por fin, sexy. Según un estudio de match.com sobre la mujer perfecta, el 64,5% de los hombres prefieren mujeres con éxito profesional. Y es que no hay nada más sólido que una pareja de acaudalados triunfadores. Si echamos un vistazo a la lista de la revista Forbes con las parejas más ricas de Hollywood, veremos que todas son muy duraderas y bien avenidas: Jay-Z y Beyoncé, Harrison Ford y Calista Flockhart, Brad Pitt y Angelina Jolie, Tom Cruise y Katie Holmes...

Cambiad roles


En los últimos tiempos se están desdibujando los papeles del hombre y la mujer, tanto en el ámbito doméstico como en el laboral. Y esto es algo que reflejan las últimas investigaciones: un estudio realizado en España por la Fundación SM ha revelado que el 75% de las mujeres "considera muy importante la independencia económica y tener un trabajo, por encima de tener una pareja estable o ser madre". Por el contrario, cada vez hay más hombres que, optando por vivir más y trabajar menos, se apuntan al downshifting, una tendencia que en palabras de Vicki Robin, una de sus teóricas, aboga por "reducir el consumo y descubrir maneras mejores de disfrutar de la vida". Así que no debería asustarte que tu novio decida despedirse mientras tú aceptas un puesto directivo y ganas un pastón. No hay mal que por bien no venga y, según un informe de la Fundación de las Cajas de Ahorros, "los hombres se implican más en las tareas domésticas cuando su mujer tiene un empleo y un nivel de ingresos alto".



domingo, 9 de enero de 2011

AMOR A DISTANCIA



Las nuevas tecnologías que nos da Internet, como redes sociales o páginas de encontrar pareja, muchas veces dan resultados positivos.


Es así como personas que viven al otro lado del mundo, se conocen e inician una relación a distancia. 


Muchas veces las personas suelen juzgar este tipo de relaciones y  se vienen a la cabeza muchos prejuicios.  Sin embargo, si esa persona realmente te hace feliz y te sientes a gusto a pesar de la distancia, tendrás que sacarte esa idea de la cabeza y aventurarte en una historia que podría convertirse en algo que nunca olvidarás.


Lo mas importante para que esta relación sea duradera es la confianza y la perseverancia. Sólo así se pueden construir grandes lazos de amor y firmeza que permita hacer algo sólido y llegar a feliz término.



Puedes usar emails, correo, chat con webcam. Todo eso nos puede ayudar tanto para conocerse más profundamente con tu pareja, debido que las personas tienden relajarse frente a estos medios, logrando conocer mucho más de su  personalidad, gustos e intereses.


Y como no siempre se mantendrán a distancia,  debes prepararte para el momento final, donde ya pasarán más tiempo juntos o finalmente tomen  la decisión de convivir.


No dejes la oportunidad de conocer a tu pareja ideal. Ingresa ya a http://www.colombianonlinedating.com